Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº2

DYLE Nº2

Entrevista

Despoblación y Creatividad

Fernando Andrés Rubia

Director revista DyLE

Entrevista a Luis Antonio Sáez. Director de la Cátedra de Despoblación y Creatividad de la Universidad de Zaragoza: «hoy en día hay bastantes buenos ejemplos de escuelas rurales que tienen claro su papel en el medio en el que están, de hacer de la escuela un lugar de comunidad educativa»

Director de la Cátedra de Despoblación y Creatividad creada por convenio de la Diputación Provincial de Zaragoza y la Universidad de Zaragoza. Es doctor en Economía y profesor de la Universidad de Zaragoza. Ha sido investigador asociado y director del Centro de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (CEDDAR).

Después de las vacaciones y de la celebración del día de San Jorge, Luis Antonio Sáez nos recibe en su despacho de la Facultad de Economía y Empresa. Su figura menuda surge en un espacio abarrotado de libros y publicaciones apiladas. Es un hombre afable, sonriente, muy pronto nos descubre el orgullo de su origen humilde y rural, así como el gusto por las referencias literarias y cinematográficas.

Si te parece, para empezar, y como el lenguaje nos tiende trampas en nuestro camino ¿cómo crees que deberíamos referirnos al tema? Deberíamos hablar de la España vacía, deshabitada, despoblada, vaciada… ¿qué término te parece más adecuado?

Como bien dices las palabras simplifican, dependen también del contexto y a veces de cómo se pronuncian. Despoblación, técnicamente es cualquier disminución de población, un ejemplo, Madrid se despoblaba en la década de los 80. Tal vez en inglés se matiza algo que aquí decimos genéricamente, allí se expresa también el encogimiento, shrinkage, que se utiliza por ejemplo para Detroit… Detroit se despuebla. Es verdad que está esa parte de distopía, casi de Planeta de los Simios, pero está también el centro financiero muy dinámico. No tienen nada que ver. Y está el sentido de desertización, que tal vez sería el que para la España del interior lo describiera mejor. La desertización se produce cuando se disminuye por debajo de una masa crítica, tanto en el núcleo interno como en la densidad o en la vertebración del territorio y sería esa parte radical. Es bastante difícil de definir, a veces con los indicadores cuantitativos cambia, a veces también cambia según el tipo de asentamientos de los núcleos, cómo se suman… Hay núcleos que están dentro de un municipio que pueden distorsionar la dinámica de ese mismo municipio.

Por centrarme, igual que la unidad de salud son las personas, aunque haya epidemias; la unidad aquí es el pueblo, donde había una iglesia, una plaza, un cementerio, donde la gente tenía unas referencias compartidas, aunque ahora serían otros símbolos. La despoblación, si la entendemos más como reto que como problema, es disminuir por debajo de unos niveles en los que vivir allí puede resultar difícil porque no se alcanzan los umbrales suficientes ni para ciertos servicios privados ni públicos.

Tengo la sensación de que con la despoblación pasa lo mismo que con el cambio climático, que cuando queremos pasar de preocuparnos a ocuparnos parece ya demasiado tarde.

La despoblación no sé hasta qué punto es un problema. A mí me gustaría introducir la duda. Si la gente se va de un lugar porque no quiere vivir allí, a lo mejor no es tan problemático. ¿De qué va acompañada esa atención tan potente a la despoblación que ya viene de tiempo atrás? Delibes, antes incluso, los noventayochistas, Labordeta… Pero ¿de qué viene últimamente? Sobre todo, de la nostalgia. Cuando se nos escapa un mundo, nos pasa a veces con el folclore, que solo lo ponemos en vitrina de museo o en estudio académico cuando tenemos la percepción de que se pierde. Algo de eso nos está pasando con un mundo que ya está dejando de existir, que quedaba anclado mejor en el mundo rural, o mejor, recogido, pero no tanto por ser rural, porque tenía elementos que habían quedado al margen del mercado.

Yo creo que más que despoblación, que sí que la hay, y sería problema en la medida en que sea involuntaria que no siempre es así, hay también mucho victimismo y estética del perjuicio. Creo que está sobrevalorada, más que la cuestión de la despoblación, lo que estamos es cambiando de mentalidad. Hablamos de un reducto donde quedaba todavía una visión no tan mercantilizada de la vida que era lo rural. Pero no tanto por rural como por una serie de circunstancias: por ejemplo, la tierra como factor productivo es muy difícil de comercializar, o esas casas del Pirineo donde conservaban el apellido y venderlas significaba que estabas vendiendo la familia. La película El Olivo lo refleja muy bien: un olivo para alguien que solo ve lo económico, es un precio y lo vende a un alemán; pero para quien ve que es un eslabón, lo trasmite a otras personas porque viene de sus ancestros. Esa visión del mundo, al margen del mercado, con unos determinados valores, buenos y malos que de todo había, establecía otro tipo de relaciones donde dominaban la confianza, la vecindad, lo colectivo, lo comunal, la familia en sentido extenso… Hemos pasado, como dicen algunos, a una sociedad de mercado, no solo a una economía de mercado.

Es tener conciencia, como bien dices, de que estamos perdiendo aquello, unos más en sentido estético o nostálgico, y otros de una manera más traumática… Aunque hay cosas que dice Sergio del Molino que dudaría, en cambio la noción de trauma creo que acentúa la preocupación en las generaciones que somos los últimos que lo hemos vivido. Esas vivencias que eran más de la sociedad tradicional que de la moderna nos llevan a mostrar más preocupación. La despoblación es sobre todo una cuestión de la mirada y de los valores, a veces puede influir un poquito las infraestructuras y el trabajo, pero también hay lugares donde hay buenas infraestructuras, donde hay trabajo y la gente tampoco sigue. Piensa en la cantidad de maestros o de secretarios de ayuntamiento o incluso agricultores que ya son urbanos.

¿Qué nos ha llevado a la situación actual de envejecimiento de gran parte de nuestra población rural y de riesgo incluso de desaparición de muchas localidades? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Lo que nos pasa en España, a lo mejor es diferente en otros lugares, pero es una tendencia universal. Pasa en Japón, si miras a países que siempre han sido una democracia como Canadá, a Suecia o a países con diferentes trayectorias… con sus matices, pero te das cuenta que es una tendencia universal. Va asociada sobre todo a que, en la producción, en un momento inicial, tuvo ventajas la aglomeración, ventajas de escala, pero también de proximidad, de localización. También con el tiempo, consumir se hace mejor en el mundo urbano. Es muy raro que uno se vaya de tiendas en un pueblo.

Te decía que es una cuestión de mentalidad porque cuando la gente dice: «es que aquí no hay nada». Les dices, pero si puede haber un club de lectura, podemos organizar un festival de rock, podemos irnos a andar… Cuando dicen no hay nada, hablan sobre todo de centros comerciales. En un momento dado sí que hubo una emigración inicial de carácter económico hacia esos sitios de producción, a altos hornos de Sagunto la gente de Teruel, o a Barcelona la gente de muchas regiones. Es verdad que entonces había unas diferencias de renta o de equipamiento, pensemos en el agua corriente, que, si en la ciudad llega a principios del siglo XX, en muchos pueblos será en el último cuarto del mismo siglo.

Pero hoy lo que sobre todo atrae es ese nivel de consumo que es más fácil en el mundo urbano. Hoy en día la renta disponible en Soria o en Teruel es más alta que en Barcelona, con mucha diferencia, están entre las más altas de España. Entonces tiene que ver más con los valores, con pasar desapercibido, con la soledad o con la accesibilidad al consumo. Puede haber alguna diferencia en el acceso a la banda ancha, pero ya solo en algunos lugares, no parece algo decisivo. El grado de equipamientos o la atención sanitaria cotidiana ha mejorado en el medio rural, los institutos de las cabeceras de comarca tienen un buen nivel y menos conflictividad. Si en el momento inicial sí que podríamos hablar de causas estructurales, las motivaciones de hoy son más psicológicas y de mentalidad que, por otra parte, cuestan más de cambiar que las otras.

¿Qué podemos hacer para mejorar la situación en el ámbito rural despoblado?

Sobre todo, ayudar al tejido social y a la propia población vinculada: los hijos del pueblo, los veraneantes; son unas herramientas muy potentes y más que nada fortalecerlos en aquello que genera cooperación, compromiso, talento… Una parte de estas cosas requieren infraestructuras, pero es más importante un buen maestro, que no cambie cada año, o que la comunidad educativa se relacione con la biblioteca, y estos a su vez con el ayuntamiento para organizar diferentes actividades en colaboración, como un club de lectura, teatralizaciones compartidas… En resumen, es mejor tener un buen entrenador que unas buenas instalaciones deportivas o una buena bibliotecaria a un montón de libros que nadie va a leer.

Sí que hay un gran problema que es el de la vivienda. Habría que hacer una desamortización como la de Mendizábal, por la de herencias yacentes que hay repartidas entre primos o familiares, casas medio en ruinas… Un mercado que es poco transparente. La vivienda es un elemento clave que ayudaría. Hay que invertir mucho en viviendas, aunque igual no se recupera, cuando hoy en día la gente joven utiliza más el alquiler. Piensa que muchos planes de rehabilitación están pensados por la administración en clave urbana, no están adaptados; planes muy meticulosos que han convertido algunos pueblos en parques temáticos, pero nadie quiere vivir en ellos porque hay unas exigencias muy grandes. También sería clave desestigmatizar ciertas profesiones como la ganadería o la agricultura. Pueden ser trabajos muy creativos, además hoy en día lo físico ha desaparecido, ya no hace falta echarse un saco a las costillas, el tractor va casi solo. Entonces hay que reconocer una serie de trabajos que frente a lo autómatas que somos en otras tareas, incluso de cuello blanco, pueden ser tareas creativas. Y hacer explícito a los jóvenes que hay diferentes trayectorias, que no todo comienza y acaba en la universidad, sino que después se puede volver o sin haber estado nunca se puede ir; facilitar también los traspasos de negocios familiares ya que es muy común en lo agrario que el hijo o la hija no sigan con el negocio familiar. También hay cuestiones de burocracia y papeleo que las mismas administraciones nos pegamos el tiro en el pie, que exigen una meticulosidad exagerada, una burocracia que no está adaptada a la realidad de los pueblos. Hay que hacer las cosas con más sentido común, frente a esta burocracia, sobre todo con la vivienda, y fomentar los elementos que hacen que los pueblos tengan vida, independientemente del número de personas que haya.

¿Qué papel ha jugado la escuela en todo este proceso?

Seguramente hay tantas escuelas como maestros y alumnos, pero a mí que me gusta Miguel Delibes, recuerdo aquel niño que se avergonzaba en el internado del color de su piel, de ser pardillo… O aquella frase: «si no vales, te quedarás aquí rompiendo terrones». Eso ha pasado también en otros ámbitos, como en el trabajo manual en la ciudad. ¿Cómo se generan las expectativas de éxito en la escuela? Porque en la familia también se genera, no es una burbuja aislada. En ese sentido es muy importante que haya profesores que ayuden a pensar, a ser crítico y también a sentirse parte de una comunidad. Yo creo que hoy en día hay bastantes buenos ejemplos de escuelas rurales que tienen claro su papel en el medio en el que están, de hacer de la escuela un lugar de comunidad educativa, por eso más que el debate de si están abiertas o cerradas, es si son buenas escuelas, si hacen ciudadanos críticos y comprometidos con su comunidad. Creo que se debería favorecer la especialización del maestro rural, que suponga un poco de filtro y apoye su motivación, que no sea alguien que esté pensando en la escuela urbana. Favorecer itinerarios en los que lo vocacional fuera lo importante y que en su formación se tuviera en cuenta la heterogeneidad del mundo rural, realidades complejas como el trabajo con niños magrebíes, rumanos… que pueden llegar a mitad de curso y con familias poco integradas en el pueblo.

¿La escuela por sí misma fija población o es solo un elemento más?

Yo digo que es una orquesta, afrontar la despoblación es como una orquesta, y la escuela será el piano o el violín, puede que sea un elemento clave, no son los tambores. Sin embargo, ha habido pueblos que por lo que fuera han recuperado población y los propios padres de los niños han creído que era mejor llevarlos a la escuela de la cabecera de comarca. Hay argumentos a favor o no de la escuela unitaria, pero yo creo que no tenemos que ser maximalistas y lo más importante es que la escuela sea accesible, que los niños, como en tiempos, no tengan que ir a un internado o a una escuela residencia.

La escuela también es clave para favorecer que la gente organice actividades extraescolares, siendo un elemento que dé vida y colabore con la comunidad. La escuela tiene mucho protagonismo, incluso puede llegarse a convertir en un elemento de atracción, porque cuando te vas a vivir a un sitio influyen muchas cosas. Yo creo que la escuela rural tiene mucha capacidad en determinadas áreas de enseñanzas, incluso por la autonomía que ganan los niños en un pueblo pequeño: pueden ir por la calle solos y adquirir un grado de madurez mayor. Además, tienen una relación más variada tanto en un sentido generacional como en diversidad de rentas, en la escuela se juntan el hijo del inmigrante con el hijo del cacique del pueblo. No como aquí en la ciudad que en los colegios ya hay un proceso de autoselección y de homogeneidad muy grande. Creo sinceramente que la escuela debería ser un componente de atracción para mucha gente que si lo pensaran bien descubrirían que sus hijos pueden alcanzar un grado de maduración y de aprendizaje más integral.

¿Qué relación hay entre escuela y arraigo?

Yo creo que la relación es muy potente porque son vasos comunicantes, con la familia y otros elementos de socialización, la escuela es muy potente. Si cuando uno explica ciencias naturales se va a la huerta, a la vega o al pinar a enseñar las cosas que vienen en las láminas pues seguro que ese crío reconocerá más fácilmente lo importante. Si el abuelo, que a lo mejor es casi analfabeto, sabía cómo hacer miel en el campo o tenía unas ovejas y explica un poco las cosas que hacía pues eso de alguna manera… poniéndonos rilkeanos, si la patria de cada uno es la infancia, si esa patria ha sido agradable, siempre querrás volver o guardarás un vínculo.

¿Qué demandas hacen las familias que se mantienen en los pueblos a su escuela?

Yo creo que todos los padres lo que quieren es que la escuela sea de calidad, y claro es cierto que, en el medio rural, en los pueblos más pequeños enseguida implica que se tienen que ir o que para avanzar en la formación hay que desplazarse. No sé si hay una preocupación diferente, tal vez por esa situación anticipada sean más sensibles al distanciamiento. Pero fíjate que a veces, en tiempo, lo que tarda un autobús escolar en una comarca es menos que lo que tarda uno en la gran ciudad. Está esa distancia física pero también afectiva. Creo que sobre todo a la escuela se le pide calidad, pero también creo que ese aspecto en general está garantizado. 243.png

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