Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº3

DYLE Nº3

Columna internacional

El fenómeno de la militarización de las escuelas públicas en Brasil

Joao Ferreira de Oliveira

Professor Titular da Universidade Federal de Goiás - Brasil

Miriam Fábia Alves

Universidad Federal de Goiás

En Brasil, en los últimos años, un fenómeno ha ganado cierta prominencia en la política educativa, la militarización de las escuelas públicas, es decir, la transferencia de escuelas públicas estatales a la gestión directa de la Policía Militar, tras un acuerdo entre las secretarías de educación y la de seguridad pública. Este fenómeno se ha expandido a partir de las experiencias de militarización en el estado de Goiás, un proceso que comenzó en 1999 y que se ha expandido ampliamente desde 2013, llegando a 60 colegios militarizados. Desde entonces, muchos estados e incluso municipios en Brasil están estableciendo escuelas con administración militar.

La expansión de estas escuelas se ha visto reforzada por el actual gobierno federal, que creó, a través del Decreto No. 9465, del 2 de enero de 2019, la Subsecretaría de Promoción de Escuelas Cívico-Militares, con el propósito de inducir y expandir tales instituciones. Se han utilizado para ello, dos argumentos gubernamentales para justificar la implementación de estas escuelas: los mejores resultados en las pruebas educativas nacionales y la mejora de la disciplina y la seguridad tanto para maestros como para estudiantes en el entorno escolar, que ahora cuentan con el apoyo de la “pedagogía militar” y la seguridad de la Policía Militar, tanto dentro como fuera (alrededores) de la escuela.

¿Pero qué caracteriza a una escuela militarizada? Para dar respuesta a esta pregunta podemos ofrecer una serie de características que la definirían:

1) Sigue siendo una escuela pública, pero la administración se entrega a corporaciones militares que implementan la lógica corporativa, especialmente la jerarquía y la disciplina militar, en las prácticas escolares;

2) la infraestructura de la escuela está completamente renovada y mejorada para cumplir con los estándares de calidad de los colegios militarizados que tienen edificios, laboratorios, Internet, recintos deportivos, aun continuo mantenimiento;

3) la escuela recibe un refuerzo de personal administrativo y de seguridad, con la entrada de los cuadros y mandos de la corporación militar, logrando así un cambio significativo en la administración de la escuela;

4) los estudiantes pasan por un proceso de selección y deben adaptarse a la disciplina militar, de lo contrario, son expulsados de la escuela;

5) las escuelas, a través de la asociación de padres y maestros, instituyen la recaudación de la contribución voluntaria, es decir, una tasa que se paga mensualmente por parte de padres o tutores, que permite el aporte de recursos financieros directos para ser utilizados por cada escuela.

Esta aportación marca la diferencia entre las escuelas públicas para los más pobres, que tienen muy pocos recursos financieros, y las escuelas militarizadas, que tienen recursos privados directos que pueden ejecutarse sin los numerosos obstáculos y procedimientos burocráticos que marcan la gestión y administración de la escuela pública.

Estas características nos llevan a reflexionar sobre el proceso de privatización, que, a través de una estricta selección, una vez establecida una fractura en el principio constitucional de igualdad y de acceso a la educación pública gratuita. A medida que este modelo militar de educación establece y asienta la lógica de una pequeña contribución mensual como un factor para mejorar la calidad de la escuela, comprendemos la gravedad de la militarización de las escuelas, ya que se contribuirá a la creación de escuelas de exclusión social.

Además, la expansión de este modelo militarizado representa un ataque directo a la gestión democrática de las escuelas, una lucha histórica por parte de los profesionales de la educación en Brasil, que se ve reemplazada por la jerarquía militar y hace que los profesionales de la educación se devalúen doblemente; ya que, como civiles, deben obedecer a las autoridades militares, y del mismo modo, pierden su derecho a elegir entre sus compañeros e iguales a los directores de las escuelas públicas. Por lo tanto, es necesario y urgente reanudar el debate sobre los propósitos, la organización y la gestión de la escuela pública obligatoria, gratuita y de calidad para todos, como espacio de capacitación para el ejercicio de la democracia

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