Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº4

DYLE Nº4

Entrevista

Entrevista a Siro López

Eduardo Rodríguez Machado

FEAE de Galicia

Cristo M. Hernández Gómez

Jefe de estudios del IES Andrés Bello. Profesor asociado de Didáctica de las Ciencias Sociales. Departamento de Didácticas específicas. Universidad de La Laguna

“Lamentablemente en las escuelas de nuestro país dominan el hormigón y el cemento. Hay excepciones, pero en general la naturaleza está ausente de ellas.”

 

Siro López Gutiérrez es un palentino polifacético con una particular mirada al mundo desde los diversos lenguajes del arte. Habitualmente se le presenta como un artista, formador y creativo, que ha elegido como campos de especialización los espacios educativos y la comunicación. En su actividad profesional conjuga la investigación en estos ámbitos con la pintura, el diseño, la fotografía, el mimo y las artes escénicas, todo ello con un denominador común de denuncia y compromiso con el aprendizaje y la felicidad. En el siguiente enlace: https://youtu.be/PNNXWE_4_P8 podemos conocer mejor su perfil profesional.

Es, precisamente su último libro: Esencia. Diseño de espacios educativos. Aprendizaje y creatividad, la razón que nos ha llevado a entablar con Siro López un diálogo abierto, a través del que bucear en su amplia experiencia sobre los espacios escolares y su relación con el aprendizaje. Su rica visión de este asunto se ha ido construyendo a lo largo y ancho del planeta. Producto de ello ha resultado la presente entrevista:

En tu web te presentas como arista y formador, especializado en creatividad, espacios educativos y comunicación… ¿Cómo se conjugan estos tres últimos elementos en el proceso de aprendizaje? ¿Qué papel desempeñan tales ingredientes en la realidad educativa actual en España?

Siempre he tenido muy claro que está todo interconectado y, además, afortunadamente estamos toda la vida aprendiendo. Cuanta más experiencia se acumula, más nos percatamos de que, constantemente, se nos abre un extenso abanico de aprendizajes y para esto la creatividad es vital. Tenemos un entorno, un ecosistema muy competitivo en el que los desafíos y los retos sociales resultan cada vez más complejos, por lo que requieren altas dosis de creatividad. ¿Por qué, entonces, la preocupación por el espacio?, precisamente porque necesitamos de un entorno que nos lo facilite.

En el ámbito educativo esto lo hemos descuidado durante muchísimo tiempo. Nos hemos preocupado por priorizar los aspectos curriculares y de contenidos del aprendizaje, pero no hemos mostrado interés por lo que nos rodea, por lo que nos acompaña y nos protege. Suelo poner el ejemplo del cocinero y su cocina. Imagínate que somos cocineros Michelin, pero nuestra cocina solo tiene cuatro paredes. No tenemos, por tanto, ni un buen espacio de trabajo, ni los ingredientes adecuados. Por muy buenos cocineros que seamos, será difícil crear un plato aceptable si carecemos de las herramientas que nos posibilitan cocinar y, sobre todo, de los ingredientes necesarios. Esto se convierte en un problema porque los comensales, los ochocientos alumnos, siguen hambrientos.

La realidad hace que muchos profesores, profesionales y cualificados, no tengan con qué cocinar y esto provoca que frecuentemente se generen conflictos o se den situaciones rutinarias y de apatía, etc. en un mundo cada vez más desafiante.

¿Te parece la escuela española una escuela creativa?

Personalmente creo que no. Poseemos un sistema educativo que nos ha llevado a priorizar durante muchos años una cultura centrada en el pensamiento lógico y, por lo tanto, el pensamiento creativo y crítico se ha descuidado y los entornos de aprendizaje están diseñados para ese pensamiento lógico, con aulas y espacios pocos flexibles, incluso el modo de evaluar. Todo el espacio está orientado hacia este tipo de pensamiento que nos confiere seguridad, en el que la creatividad no cabe. Incluso incomoda en numerosas ocasiones, cuando hay un niño o una niña que manifiesta un comportamiento creativo. Se entiende tan mal la creatividad que a menudo se asocia con la plastilina y resulta que, sin embargo, tiene bastante que ver con las matemáticas, con las ciencias, con el deporte, con la música, con el arte. Sin duda, tenemos que hacer un cambio muy grande y profundo para lograr que las escuelas de este país desarrollen la creatividad que el alumnado y la sociedad necesita.

Has visitado más de un centenar de escuelas e instituciones educativas repartidas por medio mundo. Supongo que en condiciones muy diferentes y con propuestas heterogéneas. ¿Qué has visto? ¿Qué destacarías de las escuelas del mundo? ¿Aprenden de manera muy diferente las niñas y los niños de distintas partes del planeta?

He tenido ocasión de conocer muchísimas escuelas, muchas más de las que cito en el libro. Lo hago cada semana, lo que ocurre es que con cierta frecuencia no son para mí un referente que pueda citar. De hecho, podría haber escrito “el libro negro de los espacios”, precisamente por lo que no se debiera hacer en patios, en aulas, etc. Sin embargo, he querido presentar buenas prácticas y la diversidad es impresionante. No existe una “escuela perfecta” en cuanto a su propuesta espacial, por lo que me he dedicado a entresacar lo mejor que, a mi juicio, ofrece cada una, precisamente para que puedan constituir un referente, una fuente de inspiración para otras escuelas.

En ese sentido, he aprendido mucho de escuelas del centro de Europa y de los países nórdicos, pero me gusta insistir en que no sólo tenemos que mirar a Finlandia. Hay mucho que aprender de África, de Asia. En Latinoamérica he encontrado unos colegios impresionantes. Está habiendo muchísima inversión. No tienen tantas trabas como existen en España a la hora de aplicar la legislación y disfrutan de mayor flexibilidad para afrontar ciertos emprendimientos, ciertas reformas y diseños. Realmente es impresionante como están trabajando.

Y por supuesto, también hay muchas propuestas que considerar en España. Existe consciencia general de que la realidad educativa ha cambiado y de que no se puede seguir dando clase como hasta ahora, por tanto, cada vez hay más escuelas en nuestro país que se presentan como un referente de innovación, con iniciativas diversas, pequeñas y grandes, procedentes de centros públicos y concertados que, con un presupuesto limitado, están protagonizando cambios para la mejora del alumnado.

Producto de esta amplia experiencia es tu último libro “Esencia. Diseño de espacios educativos” publicado por Edelvives. ¿Qué busca este trabajo tuyo? ¿Qué nos va a proporcionar la lectura de este libro a las personas que soñamos con una escuela inclusiva que alimente mentes libres?

En este libro he intentado profundizar en el por qué y el para qué de los espacios educativos. He intentado aportar razones de por qué no es un capricho, por ejemplo, preparar ámbitos con arena y, por tanto, no tenemos que estar a la merced de que algunos padres y madres protesten porque haya arena en los zapatos, sino que hay argumentos científicos que demuestran que la infancia y la adolescencia necesita de un entorno natural de tierra y arena. He intentado argumentar con base científica siempre que he podido y he intentado también ofrecer múltiples propuestas, muy fáciles de llevar a cabo, en las escuelas de cualquier parte del mundo, ya sea en África o en el centro de Europa, con o sin presupuesto. Se proporciona para ello muchísima documentación, tanto gráfica como bibliográfica, de modo que ha acabado convirtiéndose casi en un manual. Se compone de 15 capítulos y dejé sin publicar otros 15

Si tuvieras que hacer una interpretación de los valores que se derivan de los espacios dominantes en las escuelas españolas ¿qué paisaje generarías? ¿Estamos lejos de la situación ideal?

Lamentablemente en las escuelas de nuestro país dominan el hormigón y el asfalto. Hay excepciones, pero en general la naturaleza está ausente de ellas. Sin embargo, tenemos un país maravilloso y una cultura riquísima y variada que, en gran parte, está ausente de los espacios educativos. Debemos recuperar los valores propios de esta cultura diversa y de nuestro pasado, así como potenciar los retos del siglo XXI, de modo que en las escuelas haya un equilibrio entre tecnología, naturaleza, arte y ciencia, sin distinción en esa cocina de aprendizaje y creatividad. Se trata de que se puedan hacer compatibles todas estas herramientas para generar espacios favorecedores de la personalización del aprendizaje. Habría que hacer posible que el alumnado pudiera elegir la manera de aprender para propiciar su desarrollo competencial integral.

En este sentido, ¿Podrías aclararnos qué son las escuelas bosques? ¿Necesitamos la naturaleza en las escuelas?

Me gusta insistir en el hecho de que la naturaleza no nos necesita, pero nosotros a ella sí. En la actualidad nos enfrentamos a un gran reto: el cuidado del planeta, porque somos naturaleza y estamos inmersos en ella. Recordemos que no existe científico, ni artista que no haya acudido a la naturaleza para inspirarse y desempeñar su labor. El aprendizaje está íntimamente conectado con la naturaleza, en el juego, en la curiosidad, en la observación. Los espacios escolares deben emanar esa sensibilidad hacia los seres vivos, los ecosistemas, en definitiva, hacia el planeta. Hay centros educativos, que se denominan “escuelas bosque” que han decidido que la mejor aula es, precisamente, la naturaleza. De manera que se aprende directamente en ella, incluso a veces, en los días de lluvia. Esto me parece un objetivo importante. Siempre que se pueda, las escuelas deberían caminar en esa dirección. La naturaleza no solo proporciona un entorno saludable, sino que además impulsa la creatividad y contribuye decididamente a que seamos más felices.

Evidentemente, con este bagaje de experiencias diversas, cabe preguntarte cuáles son, a tu juicio, los elementos imprescindibles de un espacio de aprendizaje´

Esta pregunta me parece muy importante, porque si algo debemos priorizar en el ámbito educativo son las personas y sus relaciones dentro del espacio escolar. No es que generemos un espacio, es que lo somos. La mejor arquitectura es la de nuestro cuerpo y el espacio físico, al igual que las herramientas, son una extensión de nuestro cuerpo, por lo tanto, cuando queramos reformar el espacio escolar, ya sean las aulas o el patio, el foco no debe radicar en la imagen o la representación de una institución, sino en las personas.

Si quisiéramos abordar la transformación de la sala del profesorado, por ejemplo, tendríamos que preguntarnos si debemos concebirla para el papeleo, como un espacio de acumulación de revistas que nos regalan y que nadie quiere o, por el contarlo, debe ser un lugar para incentivar la creatividad e impulsar los proyectos, e incluso para el descanso, de manera que diseñemos un entorno que sea adecuado para gestionar el corazón de toda la escuela, dando cabida a la belleza, a la estética. En la concepción del espacio desempeña una función básica la comunicación. El espacio educativo debe favorecer el encuentro y las relaciones de calidad. El espacio comunica la identidad de la escuela y, por tanto, habla de sí misma.

La transformación de los espacios no consiste en tener una fachada que seduzca a las familias para matricular a sus hijas o hijos en la escuela, no radica en un márquetin-fachada, detrás del cual hay más de lo mismo. El objetivo que subyace en el acondicionamiento del entorno escolar es, precisamente, propiciar un cambio metodológico favorecedor del aprendizaje. Para ello hay que empeñarse en generar un espacio de creación y de belleza en el que muchos elementos heredados de antaño dejarían de tener sentido. No podemos hacer escuelas como si fuesen empresas o como si fuesen fábricas, sino entornos de salud, de aprendizaje, de creatividad y de belleza. No debemos sufrir un lugar en el que pasamos los mejores años de nuestra vida.

 

 

 

En función de todo ello ¿Cuál debe ser el papel de los espacios en el proyecto educativo de cualquier centro docente?

Ambos elementos van de la mano. La forma y el contenido están íntimamente relacionados. Cuando cualquier artista, Goya o Velázquez, por ejemplo, desean expresar unas emociones y un contenido, se ayudan precisamente de la forma y esto es lo que hace que todo el compendio tenga un sentido conjunto con capacidad para impactarnos una y otra vez, aunque la creación artística haya tenido lugar hace siglos. En definitiva, ese contenido que representa el proyecto educativo y los valores que lo sustentan va hermanado con la forma. Esta no es algo superfluo, de quita y pon. Si así fuera querría decir que no está conectada con nuestra identidad, ni con nuestros valores- Generar una escuela en la que la naturaleza esté presente, como protagonista de las aulas, de los patios y, en general del espacio educativo está muy lejos de la concepción del espacio como adorno, como mera cáscara. Tiene que existir una conexión íntima entre el espacio y lo que somos. De ahí que las preguntas de cómo deben ser los pasillos, los baños, el comedor, etc. sean importantes. Todos ellos son aulas, son espacios de aprendizaje y, por lo tanto, no vale todo y menos la chapuza.

¿Cómo abordamos un proyecto de cambio de los espacios educativos de nuestra escuela que sea realista y tenga capacidad para vencer los obstáculos y las resistencias? ¿Cuáles son las claves para generar un proyecto de renovación de los espacios escolares sostenible?

Esto tiene que partir de la realidad, no es una cuestión de modas. Si tenemos como referente un centro educativo que ha sustituido las paredes tradicionales de sus aulas por paredes de cristal, considero un gran error hacer lo mismo como mera imitación. Ahí no radica el verdadero cambio. Cada centro es único y por tanto diferente del resto. Tenemos que situarnos en nuestra realidad particular, conocer el presupuesto con que contamos, hacer una adecuada temporalización de las tareas que implican el rediseño de los espacios, evaluar nuestros recursos y, por supuesto, analizar con qué alumnado contamos, como son nuestras familias, qué caracteriza a nuestro barrio, quién es mi claustro. Desde esa realidad identificamos necesidades a través de un proceso de evaluación, debidamente asesorado. Hay que evitar caer en el cambio por sí mismo, sin tener en cuenta la finalidad educativa en que ha de sustentarse. Insisto, hay que partir del contexto propio y de las necesidades específicas para hacer un diseño inteligente de los espacios. A lo mejor descubrimos que en nuestra escuela la prioridad no está en las paredes acristaladas, sino en otro aspecto, como en la sostenibilidad o en la acogida. Cada escuela tendrá que transitar su propio camino. Mi trabajo de asesoramiento en las escuelas consiste, precisamente, en ayudar a percatarse de aquello que ha pasado desapercibido y que resulta vital desde el punto de vista de la renovación de los espacios. A veces es difícil darse cuenta de esto desde dentro: la cantidad de rejas, la existencia de sitios oscuros generadores de conflictos, etc. A partir de este diagnóstico inicial, el centro deberá establecer las prioridades: ¿qué es lo más urgente?, ¿qué podemos hacer a un año, a tres a cinco y a diez?

Y ese asesoramiento que realizas en las escuelas, ¿lo abordas con toda la comunidad educativa? ¿Trabajas con los equipos directivos? ¿Cómo es el proceso de trabajo?

Lo hago, primeramente, con el equipo directivo, visitando toda la escuela para analizar absolutamente todos los detalles, desde los letreros de las puertas, el tipo de iluminación, las características de los suelos, el mobiliario, hasta las aulas, las pizarras, la tecnología, los enchufes, por citar algunos ejemplos. Posteriormente, realizo formación al claustro. Esto es importante porque del profesorado depende gran parte de los cambios que afronta un centro educativo. Cito un ejemplo: hemos comprobado que un gran número de escuelas dan clase con las persianas de las aulas bajadas, sin embargo, hoy sabemos que la luz natural es fundamental para el aprendizaje y la concentración. Todo nuestro cuerpo la necesita. El profesorado debe ser conocedor de estas cuestiones. Todos los claustros deben disponer de claves creativas y de una cultura espacial que le facilite el desarrollo de su labor docente.

Para finalizar apelamos a tu condición de artista y te pedimos si podrías dibujarnos con palabras el centro educativo con el que sueñas.

El centro educativo con el que sueño es un espacio de acogida, en el que el juego es la asignatura fundamental y la naturaleza el ecosistema básico para el aprendizaje. En esta escuela en la que sueño, la personalización del alumnado es protagonista y aprendemos juntos el alumnado, las familias, los educadores. No hay separación en las edades y compartimos los espacios de aprendizaje siempre que podemos, tanto el alumnado de infantil, primaria o secundaria. Se trata de una escuela que incentive un entorno exigencia y libertad combinado con muchísimo cariño y ternura, en el que la belleza y la ética están hermanadas. Quizás este modelo íntegro es una utopía, pero existen muchos profesionales que, granito a granito, están trabajando por generar una escuela que responda a estos parámetros educativos.

Este tipo de transformaciones a las que haces referencia son iniciativa de las comunidades educativas o percibes una implicación política por parte de las administraciones públicas.

Hay iniciativas que parten de docentes, a veces de asociaciones de padres y madres, desde equipos directivos o desde una reflexión conjunta de toda la comunidad educativa y luego hay comunidades autónomas que están trabajando para que las escuelas puedan acercarse a este tipo de educación puntera. Las administraciones educativas, tomando como referentes contextos internacionales, se están dando cuenta cada vez más que hay que invertir en la educación, en formación, el liderazgo compartido, con el fin de alcanzar una mayor calidad. La reflexión sobre cómo deben ser nuestras escuelas es uno de nuestros principales retos sociales. En la actualidad, toda la información que puede aportar la escuela está disponible en la red. ¿Qué ofrece la escuela que no esté en los entornos virtuales? Obviamente, lo que puede aportar es “una experiencia” y esta debe ser profunda y compartida, generadora de un aprendizaje que lo digital no aporta, y para eso hay que hacer transformaciones esenciales

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