Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº3

DYLE Nº3

Monográfico

La escuela del siglo XXI, modelo de organización saludable

Isabel Del Arco Bravo

Universitat de Lleida

Organización educativa implica transformarse en organización saludable

En las últimas décadas se ha venido desarrollando, en el marco de la psicología de la salud ocupacional y la psicología organizacional positiva, el concepto de organizaciones saludables. Bajo esta concepción se analiza científicamente el funcionamiento óptimo de la salud de las personas y de los grupos en las organizaciones a las que pertenecen, poniendo el foco de atención en la gestión efectiva del bienestar psicosocial en el trabajo (Salanova, Martínez y Llorens, 2014), que de forma clara repercutirá en resultados saludables de la misma organización en términos de eficiencia, eficacia y efectividad.

Salanova, Llorens y Martínez (2016) afirman que una organización saludable se caracteriza, no sólo por la excelencia de la misma en cuanto a los resultados obtenidos, sino también porque tiene una fuerza laboral física y psicológicamente saludable, capaz de desarrollar una cultura, clima y prácticas que promuevan el bienestar y la salud de todos sus integrantes y especialmente cuando se presentan retos y cambios que la misma organización debe afrontar.

La escuela no deja de ser un ejemplo de organización compleja y multidimensional, sustentada en una dimensión estructural, relacional, cultural, con unos procesos definidos, con valores e inmersa en una realidad contextual cambiante con el que se genera una interacción bidireccional.

La escuela no es ajena a los nuevos enfoques organizacionales existentes, ni tampoco a las recomendaciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2005) que sostiene que un ambiente escolar saludable incide directamente sobre la salud de los escolares, favoreciendo un aprendizaje efectivo, contribuyendo a una formación integral y ayudando al desarrollo de ciudadanos cualificados, productivos y comprometidos. Según las directrices de la OMS, la Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la Salud (UIPES) aboga por una promoción activa de la salud en la escuela, ya que cada vez son más los estudios que sostienen que todo ello ayuda a mejorar los resultados en salud física, académica, emocional y social de los estudiantes.

En la misma línea, la Coordinadora de Educación y Cultura de América Central (CECC) y UNICEF (2008) ponen el foco de atención en la responsabilidad ética de la sociedad a la hora de garantizar que las escuelas estén en capacidad de proveer un ambiente de bienestar para el alumnado: seguro y saludable (St Leger, Young y Perry, 2010).

Todo ello apunta a cambios en la organización educativa en la línea de lo establecido por la Agenda de Egmond resultante en 2002 de la Conferència a Eg-món aan Zee (Països Baixos) y que aquí ampliamos en los siguientes puntos:

Definir objetivos claros de promoción de la salud y seguridad para el conjunto de la comunidad educativa. Ello se traduce por un compromiso plasmado en el proyecto educativo que promueva la salud y el bienestar en la organización

Ofrecer un marco de trabajo y de estudio que esté orientado a la promoción de la salud con adecuadas condiciones de espacios para el trabajo, estudio y tiempos de ocio y escrupulosos en las cuestiones de seguridad. La escuela como organización saludables trasciende a les escuela segura y va más allá de la asunción exclusiva de las norma de seguridad de los elementos físicos y equipamientos disponibles

Impulsar y favorecer modos de vida saludables para todos los integrantes de la comunidad educativa

Desarrollar el sentido de responsabilidad individual, grupal, familiar y social en relación a la salud. Se trata del desarrollo del empoderamiento individual y comunitario como herramienta clave en el proceso de concienciación y toma de decisiones y acciones que afectan a la propia salud. Cabe recordar la carta de Ottawa (1998) dónde se incluía como acciones claves para la promoción de la salud, entre otras: la creación de ambientes favorables, el fortalecimiento de acciones comunitarias y el desarrollo de habilidades personales . También se resalta el rol de las organizaciones, de los sistemas y de las comunidades, favoreciendo las buenas relaciones entre los miembros de la comunidad y con su entorno.

Hacer efectiva una integración coherente de la educación para la salud en el proyecto educativo de centro, fermentando metodologías participativas y la corresponsabilidad de todos los actores en el proceso educativo.

Un modelo de liderazgo educativo que estimule la creatividad de los miembros, la innovación, la responsabilidad y el compromiso, que motive, que facilite autonomía, feedback, claridad y significatividad de las tareas a realizar. En resumen, se trata de provocar y mantener un clima de bienestar en el trabajo, donde la salud física, emocional, psicológica y social de los integrantes de la comunidad educativa garantizarán el éxito educativo.

En la escuela, como en cualquier otra organización, las personas son el elemento clave para asegurar la promoción de la salud y el bienestar. Una escuela saludable es aquella que busca la implicación y participación democrática de sus integrantes, estableciendo, a la vez, vínculos de colaboración responsable con los diferentes profesionales educativos, sociales y sanitarios.

Es importante generar entre sus integrantes un sentimiento de pertenencia a la organización y el desarrollo de un empoderamiento personal y colectivo que ayude en la construcción saludable de la escuela.

Lejos del desarrollo de propuestas aisladas y de mera transmisión de información en el aula sobre cuestiones de salud, se pretende un enfoque integral y holístico del concepto de salud, fomentando la salud física, mental, social y espiritual e implicando a las personas participantes en todas las etapas: la planificación la implementación y desarrollo y en la evaluación

Liderazgo en la escuela saludable.

Existe consenso entre la comunidad científica al sostener que una escuela saludable es el resultado de un adecuado proyecto educativo y organizacional (Duke, 2002, Petal, 2008; Ramdass y Lewis, 2012) y solamente un liderazgo efectivo ayudará a integrar la promoción de la salud en todas las dimensiones de la misma organización: dimensión estructural, relacional, de procesos y de resultados.

El liderazgo en organizaciones saludables se asienta en una verdadera participación de sus integrantes y ello pasa por un manejo compartido de la información, por un liderazgo distribuido y el generar un ambiente que fomente iniciativas y espíritu crítico. En resumen, un generar el empoderamiento individual y grupal como requisito clave para la promoción de la salud en la organización.

El líder educativo es, en última instancia, el responsable de generar entornos saludable y de bienestar (del Arco, 2017) y para ello es interesante que impulse diversos procesos:

Procesos de motivación/formación/información: que conducen a la concienciación y capacitación de todos los integrantes. Se trata de generar motivación para la participación, ofreciendo instrumentos y formación y estableciendo los mecanismos ágiles y seguros para participar.

Procesos de reflexión/acción/reflexión: que permita un diagnóstico de la realidad, estableciendo valores que determinen las decisiones a tomar de forma activa y corresponsable para incidir en la misma organización y en su contexto. Se trata de generar cambios para la mejora y el bienestar común.

Procesos que atienden a los planos de lo personal-grupal-social. No se debe perder de vista la importancia de la persona y la interrelación de ésta con el grupo y el contexto, potenciando la inclusión y cohesión social

Procesos que atiendan a la transparencia y a la rendición de cuentas: que permite el acceso a los resultados, a la información incentivando los mecanismos de reflexión-acción a los que se aludía anteriormente.

Desafíos para la escuela del futuro

El interés para mejorar la salud de las organizaciones nos conduce a indagar sobre los aspectos que creemos pueden ser los desafíos que tenemos por delante. Este interés surge porque es necesario prestar atención a la promoción y educación para la salud. Promover la participación interinstitucional se convierte en valor fundamental para mejorar la calidad de vida de las personas. La colaboración con las instituciones externas a la escuela en el diseño y desarrollo de proyectos de salud comunitaria se ha convertido en una prioridad (Ramos, Pasarín, Artazcoz, Díez, Juárez, González, 2013).

Avanzar en el diseño de directrices institucionales que consoliden acuerdos de orden organizativo y didáctico enfocados en la educación para la salud es una tarea en la que los equipos directivos y docentes han ido desarrollando. Una organización saludable se preocupa, pues, de que las decisiones sobre el desarrollo del currículum alcancen todos los ámbitos de la salud (Català, 2004).

Párrafos arriba se mencionaba que los directivos tienen un papel imprescindible en la realización de un buen diagnóstico de la salud organizativa del centro, de consultar y priorizar las prescripciones de la Administración y valorar, junto con el profesorado, el desarrollo de las acciones que se proponen. Velar por que se promueva la participación de toda la comunidad educativa y coordinar de forma sistemática la implementación de acciones concretas, son tareas donde su liderazgo ha sido imprescindible.

Impulsar el trabajo en equipo, la creación de redes y la coordinación de las diferentes iniciativas que llegan a los centros permitirán crear alianzas para promocionar la salud. Impulsar la proyección externa y la difusión de las acciones relacionadas con la salud escolar entre todos los miembros de la comunidad educativa y los agentes externos que tengan vínculos con la escuela permitirá la implicación de las personas. Un ejemplo es la Cátedra DOTS ( Desarrollo de Organizaciones y Territorios Saludables-DOTS, 2017) de la Universidad de Lleida, donde se coordinan diferentes profesionales de los ámbitos de la educación, de la salud, de lo social para que juntamente con directivos escolares se implementen acciones integrales orientadas a la mejora de la salud escolar.

Considerar el espacio vital del centro y de las aulas como elementos que contribuyen al bienestar organizativo comporta el análisis de los diferentes espacios de trabajo del profesorado y de sus estudiantes y diseñar estrategias de mejora

 

REFERENCIAS

Catalán, V. G. (2004). La escuela promotora de salud y sostenibilidad. Didáctica de las ciencias experimentales y sociales, (18), 65-80.

Del Arco, I. (2017). Les escoles com a organitzacions saludables. Fòrum: Revista d’Organització i Gestió Educativa, 43, 5-10.

UdL-DOTS. (2017).  Cátedra universitaria de Desenvolupament D’organitzacions i Territoris Saludables (DOTS), aprobada por Consejo de Gobierno el 19 de Julio de 2017. Disponible http://www.catedradots.udl.cat/es/

Petal, M. (2008). Disaster prevention for schools. Guidance for Education Sector Decision-Maker. Geneva: UNISDR.

Ramdass, M., y Lewis, T. (2012). Towards a model for research on the effects of school organizational health factors on primary school performance in Trinidad & Tobago. International Journal of Educational Development, 32, 482-492.

Ramos, P., Pasarín, M. I., Artazcoz, L., Díez, E., Juárez, O., & González, I. (2013). Escuelas saludables y participativas: evaluación de una estrategia de salud pública. Gaceta sanitaria27(2), 104-110.

Salanova, M.; Martínez, M. I. y Llorens, S. (2014). Una mirada más «positiva» a la salud ocupacional desde la psicología organizacional positiva en tiempos de crisis: aportaciones desde el equipo de investigación WoNT. Papeles del Psicólogo, 35 (1), 22-30.

Salanova, M., Llorens, S., & Martínez, I. M. (2016). Aportaciones desde la psicología organizacional positiva para desarrollar organizaciones saludables y resilientes. Papeles del Psicólogo, 37(3), 177-184.

St Leger, L., Young, I., & Perry, M. (2010). Promover la salud en la escuela: de la evidencia a la acción. Saint Denis Cedex, France: IUHPE.

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