Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº10

DYLE Nº10

Monográfico

LOMLOE: ¿Un avance hacia la educación inclusiva?

Mª Dolores Fernández Tilve

Universidad de Santiago de Compostela. Coordinadora del Grupo de Investigación ATALAIA (http://atalaia.usc.es)

Mª Laura Malvar Méndez

Universidad de Vigo

La diversidad es un rasgo que caracteriza a la sociedad actual. Es un valor que enriquece y aporta diferentes visiones de la realidad, lo que provoca la necesidad de que desde la escuela se dé la respuesta idónea al alumnado en función, precisamente, de sus particularidades y circunstancias. Es indudable que la diversidad en todas sus manifestaciones representa un gran desafío para los sistemas educativos (Escarbajal et ál. 2012), pero también una responsabilidad ineludible que se refleja, como podemos constatar, en el nuevo marco legislativo. Hemos de clarificar que el concepto de atención a la diversidad es amplio; se dirige a todo el alumnado y trata de dar una respuesta organizativa y curricular de forma particular al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (Pascual-Sevillano, García-Rodríguez y Vázquez-Cano, ٢٠١٩). El marco normativo actual así lo recoge de modo explícito.

La educación inclusiva representa el deseo de una educación de calidad para todo el alumnado, equiparando sus oportunidades y buscando la igualdad de expectativas y resultados (Araque y Barrio de la Puente, 2010). Estamos ante un planteamiento que pone sobre el tapete la calidad de la educación para todo el alumnado, sin que exista discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, origen racial, étnico o geográfico, discapacidad, edad, enfermedad, religión o creencias, orientación o identidad sexuales o cualquier otra condición y circunstancia personal o social.

Surge el interés por la puesta en marcha de procesos de mejora en el ámbito escolar, concepción desde la que se aborda la inclusión como símbolo garante de equidad, pero también de calidad (Arnaiz, Azorín y García-Sanz, 2015). Promover la educación inclusiva se dibuja, de este modo, como una de las líneas estratégicas dentro de las prioridades establecidas en los programas de cooperación territorial. En este sentido, toma como referente la LOE, cuando establece que para garantizar una educación inclusiva para todos los ciudadanos es imprescindible el compromiso de todos los componentes de la comunidad educativa y del conjunto de la sociedad, combinando los principios de calidad y equidad, así como los objetivos que señala la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el desarrollo sostenible. Más que nunca tenemos que ser capaces de promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida (UNESCO, 2016). Al tiempo, parece asumirse que en la práctica de la educación inclusiva la comunidad educativa pasa a adquirir un papel principal, quedando en un segundo plano el propio centro escolar (Azorín, 2016).

Capacidades como aprender a ser, aprender a saber, aprender a hacer y aprender a convivir constituyen elementos vertebradores de una enseñanza que garantiza a toda la ciudadanía la posibilidad de desarrollar sus potencialidades, poniendo el acento especialmente en aquellas que la definen y no en las que carece. Con esta finalidad se plantean la construcción de entornos de aprendizaje abiertos, la promoción de la ciudadanía activa, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, así como la adquisición de los conocimientos y las competencias que permitan desarrollar los valores de la ciudadanía democrática, la vida en común, el deseo de seguir aprendiendo y la capacidad de aprender por sí mismos.

La educación, desde los posicionamientos de la LOMLOE, se define como el medio más idóneo para transmitir y, al mismo tiempo, renovar la cultura y el acervo de conocimientos y valores que la sustentan, extraer las máximas posibilidades de sus fuentes de riqueza, fomentar la convivencia democrática y el respeto a las diferencias individuales, promover la solidaridad y evitar la discriminación, con el objetivo fundamental de lograr la necesaria cohesión social. Por lo tanto, resulta conveniente una actualización que la haga estar acorde con los objetivos europeos y el tejido productivo.

Por su parte, el sistema educativo tiene que dar respuesta a esta realidad social, incluyendo un enfoque de la competencia digital más moderno y amplio para el aprendizaje permanente. El uso generalizado de las nuevas tecnologías en múltiples aspectos de la vida cotidiana acelera cambios profundos en la comprensión de la realidad y en la manera de comprometerse y participar en ella, en las capacidades para construir la propia personalidad y aprender a lo largo de la vida, en la cultura y en la convivencia democráticas, entre otros. Este cambio de enfoque requiere de una comprensión integral del impacto personal y social de la tecnología. Es obvio, por ejemplo, que este impacto es diferente en las mujeres y los hombres. Es importante una reflexión ética acerca de la relación entre tecnologías, personas, economía y medioambiente, tanto en la competencia digital del alumnado como en la competencia digital docente. Desde luego este nuevo escenario legal insiste en la necesidad de tener en cuenta el cambio digital que se está produciendo en nuestras sociedades y que indudablemente afecta a la actividad educativa. El desarrollo de la competencia digital no supone solamente el dominio de los diferentes dispositivos y aplicaciones. El mundo digital es un nuevo hábitat en el que la infancia y la juventud viven cada vez más: en él aprenden, se relacionan, consumen y disfrutan de su tiempo libre. Para que el sistema educativo ocupe el lugar que le corresponde en el cambio digital se incluye la atención al desarrollo de la competencia digital de los estudiantes de todas las etapas educativas, tanto a través de contenidos específicos como desde una perspectiva transversal, haciendo hincapié en la brecha digital de género.

Esta normativa, como podemos observar, adopta un enfoque de igualdad de género a través de la coeducación, fomentando en todas las etapas educativas el aprendizaje de la igualdad efectiva de mujeres y hombres, la prevención de la violencia de género y el respeto a la diversidad afectivo-sexual, así como introduciendo en educación secundaria la orientación educativa y profesional del alumnado con perspectiva inclusiva y no sexista. A la par, plantea un enfoque transversal orientado al alumnado con el propósito de ofrecer garantías de éxito en la educación por medio de una dinámica de mejora continua de los centros educativos y una mayor personalización del aprendizaje.

Así mismo, se atiende a los requerimientos por parte de la ciudadanía que en este caso reclama un sistema educativo moderno, más abierto, menos rígido, multilingüe y cosmopolita. En definitiva, un sistema educativo que desarrolle todo el potencial y talento de nuestra juventud, que haga efectivo el derecho a la educación inclusiva y suyo el principio de reforzar la equidad y la capacidad inclusiva del sistema. A la vez, que asuma como principal eje vertebrador la educación comprensiva para así hacer efectiva una formación integral que se centre en el desarrollo de las competencias, la igualdad de mujeres y hombres, el valor del respeto a la diversidad, el espíritu crítico, la cultura de paz y no violencia y el respeto por el entorno y los animales. Planteamientos, todos ellos, claves en la educación primaria.

Un aspecto clave recogido en este nuevo espacio normativo, a nuestro modo de ver, tiene que ver con el especial énfasis en garantizar la inclusión educativa, la atención personalizada, la prevención de las dificultades de aprendizaje y la puesta en práctica de posibles mecanismos de refuerzo tan pronto sea necesario. El principio de inclusión se convierte, pues, en la piedra angular. De hecho, se define de forma explícita como un principio rector a tener en cuenta en el contexto educativo.

La escolarización del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo queda suficientemente regulada y deberá estar regida por los principios de inclusión y participación, calidad, equidad, no discriminación e igualdad efectiva en el acceso y permanencia en el sistema educativo y accesibilidad universal para todo el alumnado. Para impulsar la equidad del sistema educativo se fortalecen los objetivos y las actuaciones que deben llevar a cabo las administraciones educativas ante las personas, grupos, entornos sociales y ámbitos territoriales que se encuentren en situación de vulnerabilidad socioeducativa y cultural, a fin de eliminar las barreras que limitan su acceso, presencia, participación y aprendizaje. Con ello, se quieren asegurar los ajustes razonables en función de las necesidades individuales y prestar el apoyo necesario para impulsar su máximo desarrollo educativo y social, de manera que todos puedan acceder a una educación inclusiva, en igualdad de condiciones.

Una de las prioridades planteadas es velar por evitar la segregación del alumnado por razones socioeconómicas o de otra naturaleza. En consecuencia, las administraciones públicas garantizarán el derecho a la educación, el acceso en condiciones de igualdad y no discriminación y la libertad de elección de centro por padres, madres o tutores legales y atenderán a una adecuada y equilibrada distribución entre los centros escolares del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.

La inclusión, como podemos ver, busca brindar respuestas apropiadas al amplio espectro de necesidades de aprendizaje tanto en entornos formales como no formales de la educación (UNESCO, 2016). Este enfoque quiere promover la complementariedad de ambos entornos de aprendizaje y así contribuir a la adquisición de competencias para el máximo desarrollo de la personalidad. Particularmente, se indica que:

“La educación no formal en el marco de una cultura del aprendizaje a lo largo de la vida, comprenderá todas aquellas actividades, medios y ámbitos de educación que se desarrollan fuera de la educación formal y que se dirigen a personas de cualquier edad con especial interés en la infancia y la juventud, que tienen valor educativo en sí mismos y han sido organizados expresamente para satisfacer objetivos educativos en diversos ámbitos de la vida social tales como la capacitación personal, promoción de valores comunitarios, animación sociocultural, participación social, mejora de las condiciones de vida, artística, tecnológica, lúdica o deportiva, entre otros” (LOMLOE, 2020 p. 122882).

La atención a la equidad se convierte en un foco prioritario en aras de garantizar la igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de la personalidad. Actúa como elemento compensador de las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales, especialmente aquellas que se deriven de cualquier tipo de discapacidad.

En la enseñanza básica, la formación personal y la socialización constituyen dos ejes básicos que se integran de forma equilibrada con la educación inclusiva, con el objeto de atender a la diversidad de las necesidades de todo el alumnado, tanto del que tiene dificultades de aprendizaje como mayor capacidad y motivación para aprender. Cuando se requiera se adoptarán las medidas organizativas, metodológicas y curriculares pertinentes, conforme a los principios del diseño universal de aprendizaje. En todo caso, garantizando los derechos de la infancia y facilitando el acceso a los apoyos necesarios. La etapa en la que se pone el acento es la educación primaria, pues entre los principios pedagógicos figura la inclusión educativa. Entre otros aspectos, se indican medidas de flexibilización en la organización de las áreas, los espacios, los tiempos, etc. para mejorar la capacidad de aprendizaje y los resultados de todo el alumnado. También se contemplan alternativas metodológicas en la enseñanza y la evaluación de la lengua extranjera para el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.

De igual modo, en la etapa de educación secundaria, las propuestas pedagógicas para todo el alumnado se elaborarán atendiendo a su diversidad, teniendo en cuenta los diferentes ritmos de aprendizaje. En cualquier caso, hay que promover la capacidad de aprender por sí mismos y el trabajo en equipo. Se recuperan los programas de diversificación curricular, orientados a la consecución del título de graduado en educación secundaria obligatoria para aquellos alumnos que presentan dificultades relevantes de aprendizaje. En el caso del bachillerato igualmente deberán establecerse alternativas organizativas, metodológicas y las medidas de atención a la diversidad precisas para facilitar el acceso al currículo del alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.

La evaluación del aprendizaje se plantea como continua en educación primaria, educación secundaria obligatoria y bachillerato, indicando el carácter formativo únicamente en la segunda. Se reconoce como referentes de evaluación para el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo sus adaptaciones curriculares, sin que esto resulte un impedimento para promocionar como sucedía hasta ahora.

Se percibe un impulso de los títulos básicos de formación profesional, dirigidos preferentemente a quienes presentan mayores posibilidades de aprendizaje y de alcanzar las competencias de educación secundaria obligatoria en un entorno vinculado al mundo profesional, evitando así la segregación del alumnado por razones socioeconómicas o de otra naturaleza. Con ello, en última instancia, se quiere preparar para la continuación de su formación. A la vez, se explicita el acceso a ciclos formativos de grado medio.

Los programas de formación permanente contemplan la educación inclusiva, entre otros aspectos. Diversos autores coinciden en el decisivo rol que desempeña el profesorado en el proceso de inclusión educativa (Álvarez y Buenestado, 2015; Pascual-Sevillano, García-Rodríguez y Vázquez-Cano, ٢٠١٩; Azorín, ٢٠١٦). Sin lugar a duda, inevitablemente el profesorado tiene un rol destacado en el proceso de inclusión educativa (Azorín, 2017).

Sin embargo, llama poderosamente la atención que en las propuestas realizadas para el diseño del proyecto educativo de los centros no se incluya de forma expresa el enfoque inclusivo de la educación. A nuestro juicio, y para terminar, no se evidencia una apuesta clara por la atención a la diversidad, ya que el plan de atención a la diversidad se obvia en la estructura del proyecto educativo, tal y como queda reflejado en el artículo correspondiente

Referencias bibliográficas

Álvarez, J. L. y Buenestado, M. (2015). Predictores de las actitudes hacia la inclusión de alumnado con necesidades educativas especiales en futuros profesionales de la educación. Revista Complutense de Educación, 26(3), 627-645.

Araque, N. y Barrio de la Puente J. L. (2010). Atención a la diversidad y desarrollo de procesos educativos inclusivos. Prisma social. Revista de ciencias sociales, 4, 1-37. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/3537/353744577013.pdf.

Arnaiz, P., Azorín, C. M. y García-Sanz, M. P. (2015). Evaluación de planes de mejora en centros educativos de orientación inclusiva. Profesorado. Revista de currículum y formación del profesorado, 9(3), 326-346.

Azorín, C. M. (2016). La respuesta a la diversidad del alumnado en el contexto inglés: un estudio de casos. Enseñanza & Teaching, 34(2), 77-91.

Azorín, C. (2017). Análisis de instrumentos sobre educación inclusiva y atención a la diversidad. Revista Complutense de Educación, 28(4), 1043-1060. doi.org/10.5209/RCED.51343.

Escarbajal, A., Mirete, A. B., Maquilón, J., Izquierdo, T., López Hidalgo, J. I., Orcajada, N. et ál. (2012). La atención a la diversidad: la educación inclusiva. REIFOP, 15(1), 135-144. Recuperado de http:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaAtencionALaDiversidad-4617037.pdf .

Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE) (BOE del 30 de diciembre, 122868-122953).

Pascual-Sevillano, M. A., García-Rodríguez, M. S. y Vázquez-Cano, E. (2019). Atención a la diversidad e inclusión en España. Sinéctica, 53, 1-17. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/pdf/sine/n53/2007-7033-sine-53-00011.pdf. doi: 10.31391/S2007-7033(2019)0053-011.

UNESCO (2016). Apoyo del PNUD para la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Recuperado de https://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/poverty-reduction/undp-support-to-the-implementation-of-the-2030-agenda.html.