Revista sobre educación y liderazgo educativo DYLE Nº6

DYLE Nº6

Columna

Los espacios educativos y la nueva normalidad

Dolores Pevida Llamazares

Presidenta Fórum Europeo de la Educación de Asturias

El aprendizaje depende de muchas variables, ahora más que nunca. Esa filosofía del cambio apoyada en la adquisición de competencias clave, en el desarrollo e implementación de una formación para la sociedad del futuro, garante del desarrollo integral de la persona (personal, social, emocional y cultural) y que nos permita reducir el porcentaje de población en riesgo de exclusión nos está llamando a la puerta en estos momentos.

La comunidad científica establece y analiza diferentes elementos que consolidan los pilares de esa transformación de la escuela: la organización de contenidos, el rol del alumnado y del profesorado en acción, las metodologías, la evaluación coherente con las actuaciones y por supuesto una organización de centro con agrupamientos, tiempos, distribución horaria de las materias y la organización y uso de los espacios educativos. En esta situación que nos está tocando vivir se impone establecer un nuevo diálogo con el entorno a todos los niveles de nuestra vida. ¿Qué le corresponde a la escuela? Ahora más que nunca conviene “repensar” la esencia de los espacios educativos del presente y del futuro. Es el momento de reformar la idea del espacio como unidad de cambio y de transformación y de llevarla a la práctica. Una gran oportunidad para introducir en los centros educativos una reflexión de 360º en la que las competencias adquieran su papel de auténtico protagonista. Nos toca reflexionar sobre las opciones que garantizan un uso inteligente del espacio que genere situaciones de enseñanza/aprendizaje.

Algunas pautas para la reflexión:

– que la organización de los espacios proporcione a todo el alumnado una respuesta educativa basada en la igualdad de oportunidades (y caminaremos hacia una escuela inclusiva)

– que se cuestione todo lo aprendido y se persigan visiones globales de aprendizaje, se revisen las metodologías, se propongan programaciones abiertas y flexibles, apoyadas en el Diseño Universal de Aprendizaje, con una evaluación coherente y útil para el proceso de enseñanza/aprendizaje (y caminaremos hacia una escuela innovadora)

– que se potencien las relaciones personales basadas en el reconocimiento personal y que propicie el desarrollo emocional de las personas (y caminaremos hacia una escuela acogedora, cálida y optimista)

– que se creen culturas, políticas y prácticas de colaboración, en las que todos y todas sumemos y que impliquen al entorno y a la sociedad en general (y caminaremos hacia una escuela plural)

– que promueva la formación integral de personas críticas y comprometidas con el entorno favoreciendo hábitos saludables y de cuidado personal (y caminaremos hacia una escuela sostenible y duradera)

¿Qué lugar ocupa el espacio en este planteamiento? No podemos pensar en el espacio de manera aislada Ahora los espacios, su organización y su regulación de uso forman parte de nuestras rutinas diarias. En la Escuela debemos conseguir espacios y entornos amigables y seguros en los que seamos capaces de ofrecer protección y garantías de aprender en esta “nueva normalidad”. Debemos confiar en la responsabilidad y capacidad de las comunidades educativas para hacer un buen uso del espacio y de los elementos que lo componen y así, disfrutar de esos entornos amigables.

A partir de ahora los entornos escolares han de ser flexibles y deben permitirnos múltiples configuraciones dependiendo de nuestras necesidades. Esta flexibilidad debe acompañar a los procesos de cambio y de transformación de los centros educativos.

¿Por qué? Porque este diálogo con el entorno ha de tener un objetivo claro: desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje generando altas expectativas en una formación más participativa y colaborativa que nos permita desarrollar y medir la evolución de las competencias. Generar espacios flexibles y polivalentes en la escuela ha de ir asociado a las metodologías didácticas definidas, a la creación de cultura de centro e incluso a la definición de valores y de principios que los sustentan.

¿Cómo? Estamos en un momento ideal para repensar la flexibilización de espacios, situando en el punto central una visión de proyecto global en nuestra escuela. La realidad, desde el 14 de marzo de 2020, nos ha hecho valorar otras situaciones posibles, otras realidades, quizás impensables hasta el momento y nos ha dado pistas para actuar, para establecer en el centro educativo una jerarquía relacional y social que responda a nuestras necesidades y a nuevas situaciones que puedan surgir. Los grandes espacios y las diminutas salas de que disponemos en los centros han de evolucionar hacia espacios medios multidisciplinares (enfocados al trabajo del profesorado y del alumnado).

La tecnología ha venido definitivamente para quedarse y además para formar parte de nuestra total cotidianeidad. Sin embargo debemos pensar en soluciones TIC más seguras y sostenibles en los centros. Los conceptos de espacios, mobiliario y tecnología son indisociables.

Los protocolos de entrada y de salud, el orden, la señalización de los lugares, los flujos de personas, la limpieza y los puntos de higiene deben formar parte del proceso de aprendizaje en la escuela.

La interacción es fundamental para que la escuela cumpla sus funciones social y formativa. Por ello, los espacios comunes, de descanso, los patios necesitan una revisión, no solo desde el punto de vista del espacio propiamente dicho, sino del contenido, de lo que hacemos en ellos y deben permitirnos ante todo disfrutar de los tiempos de descanso con seguridad. Repensar los patios, sobre todo en los centros de secundaria se plantea en un futuro muy inmediato como una auténtica necesidad.

¿Quién? En estos momentos que nos llegan, centrados en este nuevo curso escolar, solo podemos pensar en la corresponsabilidad, en la cooperación en los centros educativos. El papel de los equipos directivos exige cada vez un liderazgo mayor hacia la cogobernanza y la corresponsabilidad en las acciones educativas que se desarrollan en los centros, en las tomas de decisiones globales que no se podrán realizar, de ninguna manera, sin la implicación, colaboración y participación activas de toda la comunidad. Ahora o nunca.

Y, además, necesitamos, sin espera, el respaldo, el apoyo y el soporte de la administración educativa. Porque solo con una visión global podemos intentar transformar la escuela